Tras el ángel caído

Capítulo 7

12 de octubre de 1307

El capitán de la guardia de París echó un vistazo a la carta procedente de palacio. Hacía casi un mes del 15 de septiembre, fecha en la que la había recibido junto con la orden de no abrirla hasta el 12 de Octubre de 1307. Era el momento. La carta, firmada por el mismo Felipe IV decía:

"Una cosa amarga, una cosa deplorable, una cosa horrible de pensar, terrible de oír, una cosa detestable, un delito de perversidad, una infamia tremenda, una cosa del todo inhumana, peor: extraña a toda humanidad ha repercutido en nuestros oídos según el reporte de varias personas dignas de fe, no sin causarnos un estupor profundo y hacernos estremecer con violento horror... Un espíritu razonable sufre, seguramente, al ver sobrepujar los límites de la naturaleza; está sobrepasado por ello, sobre todo que esta ralea, olvidadiza de todo principio y desconociendo su dignidad, pródiga de por sí, entregada a sentimientos reprobados, no ha comprendido por qué era honrada. Es comparable a las bestias privadas de razón, pero ¿qué digo?, sobrepasa en brutalidad a las bestias mismas, comete los crímenes más abominables que execra y huye la sensualidad de esas bestias sin razón. Ella ha abandonado a su creador, se ha separado de Dios, su salvación, ha abandonado a Dios que le dio vida, olvidando al Señor, sacrificando a los demonios y no a Dios, esta ralea sin consejo ni prudencia y quiera Dios que lo sienta, comprenda y haya previsto lo que acaba de llegar (...)"

El capitán levantó la vista del papel. No comprendía qué pasaba pero las sensaciones que le comunicaba aquel comienzo no era bueno. Dejó la primera página sobre la mesa y, sin mirar a la segunda, se dirigió a la ventana. Desde aquel ventanuco en el primer piso de la casa de la guardia observó la ciudad. ¿Qué podía ser tan importante? Entonces levantó la vista y miró más allá del río. Al observar las magníficas construcciones del barrio del Temple comprendió.

Los últimos meses habían sido muy tensos. El ambiente se había caldeado contra los caballeros que vivían al otro lado del río. Los hombres del Rey contra los caballeros del Papa, o eso era lo que parecía a los ojos de la gente de pueblo como el capitán. Continuó leyendo la carta. Efectivamente, la carta proporcionaba una serie de instrucciones claras, precisas y sencillas para arrestar a los templarios.

El Rey "suplicaba" a sus agentes reunir secretamente una tropa lo bastante poderosa como para que los templarios, independientemente de la importancia de la encomienda, se vieran incapaces de resistir el ataque. Dicha tropa debía presentarse al alba en la encomienda con el pretexto de verificar "el diezmo", entrar por la fuerza y, aprovechando la sorpresa de los monjes-soldado, arrestarlos. En ese momento, se levantaría inventario de todos los bienes de la encomienda y se tomarían las medidas necesarias. "Arrestar a todos los templarios... aquí... en París... alguien se ha vuelto loco".

Pero lo que sobrecogió al capitán no fue la locura de la gente del Rey si no lo que leía a continuación. Los hermanos capturados se someterían inmediatamente a un primer interrogatorio en el que estaría justificado el uso de la géhene (tortura) en caso necesario, levantándose acta de las confesiones, testimonios y declaraciones. La carta proseguía con una serie de preguntas y las respuestas que se debían obtener daban forma a la acusación:

"¿Cómo fueron recibidos en el templo los hermanos?"
"¿Después de la ceremonia se les llevó detrás del altar, o a otra parte, y obligado a renegar de Cristo por tres veces y escupir sobre la cruz?"
"¿Después se les desvistio y besó en el cabo de la espina, bajo lacintura, sobre el ombligo y en la boca?"
"¿Fueron enseguida incitados a practicar la sodomía?"
"¿Y ceñidos con una cuerdecilla puesta en contacto con cierta figura diabólica adorada por los ancianos y dignatarios?"
"¿Sus capellanes omiten intencionalmente el "consagrar por el cuerpo de Nuestro-Señor"?"


¿Qué clase de acusación era esa? Desde hacía tiempo los Templarios habían sido difamados de distintos modos pero acusar de herejía a los que en otro momento fueron defensores de la fe en Tierra Santa era demasiado a los ojos del capitán. Aún aturdido por lo que acababa de leer llamó a Thierry, su lugarteniente, y le dio a leer la carta, obteniendo idéntica reacción. Mientras comentaban sus impresiones de la carta un heraldo hizo entrada en el edificio y entregó un folio al capitán.

"A la atención del capitán de la guardia de París.

Su excelencia, Guillermo de Nogaret supervisará personalmente la entrada en la encomienda de los Caballeros Templarios en París, dada la importancia de los hombres que allí se hospedan"


Un escalofrío recorrió la espina dorsal del capitán. Nogaret era uno de los hombres más cercanos al rey pero también un asesino cruel y despiadado. Se rumoreaba que era el responsable de la muerte del Papa Bonifacio VIII y a su sucesor, Benedicto XI, quien lo había excomulgado, años atrás. Se rumoreaba que practicaba artes oscuras pero aún así seguía siendo el hombre de confianza de su graciosa majestad.

Madrugada del 13 de Octubre de 1307

- Todo ha sido dispuesto. En breve, el manuscrito volverá a nosotros querido Maestro. El hermano Nogaret dirige en estos instantes a los hombres hacia la encomienda en París... En toda Francia ocurre lo mismo... Es nuestra hora.

12:46 | Centoloman | 10 Comentarios | #

Alto en el camino

Los que leeis mi blog ya estáis informados de ello:

Me comprometo a publicar un nuevo capítulo de Tras el ángel caído una vez a la semana (los miércoles para ser más preciso). Va a comenzar una nueva etapa en la narración, totalmente distinta a la que ha aparecido hasta ahora... algo asó como si lo anterior fuera un Libro 1 y ahora comience el Libro 2, que vendrá a complementar la historia (a contextualizar ciertas cosas que influirán en la historia o que ya han influido)... Este descanso que me he tomado en la redacción de la novela es debido a que para la redacción de esta segunda parte he querido mirar algo de información que me ayudara a contextualizar la historia y que me diera ideas... serán otros 5 o 6 capítulos que ya están bocetados...

02:45 | Centoloman | 2 Comentarios | #

Capítulo 6

La familia Belleu era dueña de una extensa finca, Villa Belleu, en la aldea de Galdo, en Viveiro, Lugo. La casa databa del siglo XVII y había sido reformada en varias ocasiones. Cuando el Sierra de Gasso cruzó el umbral de Villa Belleu, se encontraban ya allí los coches de los Figueroa y de Lidia.

El ruido del motor debió alertar a Román, padre del difunto amigo del detective, pues cuando salía del coche el anfitrión estaba en la puerta dispuesto a recibirle. Gasso estaba alerta, siempre que iba allí era testigo de una nueva excentricidad protagonizada por el hombre que ahora le esperaba en el umbral de la casa.

- ¡Marco! Te esperábamos, ya están todos dentro.
- Román...-dijo casi sin mirarle. Luego se detuvo y miró pensativo la puerta que los separaba del salón, donde con toda seguridad, volvería a ver una parte de su pasado que no estaba seguro de querer volver a ver.

Todos los años, los Belleu invitaban a las familias de los cuatro amigos más íntimos que su hijo había tenido a una fiesta y una misa-funeral. Estos cuatro amigos eran: Hernán Figueroa, Laura Domínguez, Lidia Ortiz y Marco Gasso. Los últimos 4 años había conseguido eludir aquella cita anual con el pasado, justo los cuatro años que habían pasado desde el divorcio. Estaba Gasso sumido en estos pensamientos cuando comprendió, por un gesto de Román, que no había escapatoria posible. Resopló, avanzó decidido pero inseguro hacia la puerta del salón y la abrió.

Allí estaba ella, impresionante, como siempre. Lidia era una mujer rubia, de la edad de Gasso, con ojos felinos y piernas de escándalo. Intentando no pensar en ella, saludó uno por uno a los otros presentes, comenzando por Margarita, la madre de Fran, y acabando por su hija. Al final el momento inevitable llegó y la situación fue mucho mejor de lo que podía haber esperado. Al parecer las viejas rencillas habían quedado detrás y la situación se alivió rápidamente.

- ¿Ves? No muerde. -dijo Hernán sarcástico por detrás.- Oye he pensado en lo que me dijiste, Marco...

Pero Gasso le indicó con un gesto que hablarían luego. Ahora estaba concentrado en saldar cuentas con un pasado menos lejano que las viejas historias de caballerías y apocalípsis.

- Te veo muy bien, Lidia. Parece que los aires de las Rías Baixas te sientan muy bien.

- Querrás decir los aires de Celulosas, llevo allí un año y no me acostumbro todavía.

- Supongo que es eso, cuestión de acostumbrarse. ¿Y que tal te va todo?

- Bien, sin novedades en el frente. Estoy contenta en el Museo y poco más. Todavía estamos acabando de adaptarnos, aunque a Virginia le resulta más fácil... -dijo Lidia lanzando una mirada cómplice a su hija.

- Eso no me lo habías contado. ¿Eh, Virginia?¿Cómo se llama el afortunado? -comentó Gasso mientras la cara de su hija se enrojecía en medio de la carcajada general.

Así transcurrió la conversación hasta la sobremesa, recordando viejos tiempos que ahora parecían menos dolorosos para el detective. Después en un aparte, Hernán le dijo que aceptaba trabajar con Marco en aquel caso por las mismas razones que, unos días atrás, le habían llevado a darle largas. Estaban allí, conversando sobre lo que podían o no podían hacer cuando los sorprendió Román. Su expresión no era la del viejo excéntrico a la que estaban acostumbrados, si no la de un auténtico noble caballero de la Edad Media, o eso le pareció a Gasso.

- Marco, deberíamos hablar de lo que me comentaste por teléfono.

- No te preocupes por Hernán. Colabora conmigo, no hay problema. Dime Román, ¿qué sabes de este manuscrito?.

- Nada, o mejor dicho nada claro. Sé que nuestro antepasado...

- ¿Entonces era su antepasado en realidad?- interrumpió Hernán.

Román, con un gesto de la cabeza, contestó afirmativamente y prosiguió:

- Sé que nuestro antepasado adquirió algunos importantes documentos y otras posesiones del propio Jacques de Molay. Eso le hizo ganar ciertas... como decirlo... le hizo conocer a malas compañías. Pero François de Beaujeu era un hombre inteligente, y supo en quien confiar... o eso pareció durante mucho tiempo. Al final le traicionaron cuando ya era un hombre viejo y cansado de vivir escondiendo aquel secreto. Según la tradición familiar, ese hombre fue Giuseppe Malquiacci, su mayordomo y confidente, un italiano que había conocido durante una expedición por el Mediterráneo. Pero la historia no acaba ahí. Mucha gente, como ya he dicho, andaba detrás de uno de los documentos que Beaujeu había conseguido de Molay: cabalistas, masones... ya me comprendéis. Verás, cuando llamaste estuve haciendo alguna investigación en la historia de la familia... ¿conocéis la Cofradía del Último Día?.- preguntó mirando fijamente a sus interlocutores.- Veo que no. Estáis como yo... creo que no os puedo ayudar más. Os he dicho todo lo que sé... lo poco que sé. De todas formas, seguiré investigando y os avisaré de cualquier novedad.

- Gracias, Román. Aunque no lo creas has sido de gran ayuda.

- Me alegro de que seáis vosotros y no otros los que investiguéis esto...

Dicho esto, como si nada, su expresión cambió para retomar la habitual cara de viejo chiflado. Se levantó e indicándoles que le siguieran salieron al jardín donde le sorprendió con un karaoke en el que ya estaban divirtiéndose las mujeres. "Una nueva excentricidad digna de Román Belleu", pensaba Gasso mientras se preguntaba si la Cofradía del Último Día seguía "en activo"... y si tenía algo que ver con la gente de la que había hablado Jordi Sants.

04:52 | Centoloman | 1 Comentarios | #

Capítulo 5

"- Padre, ocurrió hace mucho tiempo. Me arrepiento de ello. Sabes que yo era joven, rebelde, insolente... Ha pasado mucho tiempo, ya ves que vengo despojado de todo, a suplicar tu perdón.

- Tienes mi perdón, hijo. Pero no el de tus hermanos. Tu desafío, tu rebeldía, ha cambiado las cosas y ya nada era como fue en un principio..."

Gasso se despertó sobresaltado y se descubrió a sí mismo durmiendo sobre el ordenador. "Otra vez ese maldito sueño" se decía mientras buscaba el reloj. Las 8 de la mañana, hora tardía para él, que nunca se levantaba durante la semana después de las 7 y media y Gasso era un hombre de costumbres.

Como tenía tiempo se enfundó un chandal y salió a correr. Durante la carrera no podía dejar de pensar en el sueño. Esta vez, la majestuosidad del palacio no le parecía tanta como la primera vez que había tenido el sueño, quizás por la costumbre, y las figuras, antes invisibles, eran ahora sombras nítidas. Pudo identificar unas 10 figuras situadas en los lados de la nave y otras 6 en el centro. Además, en el lugar del trono había otras dos sombras, una sentada en él y la otra como postrada. Gasso supuso que a ellas correspondían las voces. La voz que procedía del trono, o eso supuso Gasso, sonaba dura y dulce a la vez, como un padre regañando a su hijo. Dió la vuelta a la Torre de Hércules siguiendo el Paseo Marítimo. Por el camino paró a comprar el periódico y enfiló el camino a casa. Antes de subir paró en el café situado frente al portal donde tomó su habitual desayuno mientras leía en el diario las tragedias que ya se habían vuelto monótonas.

Todavía no eran las 10, había tiempo. Subió a casa y se duchó. Se sentó a la mesa del despacho y buscó todo lo que pudo encontrar. Nada que no conociera, pero le vino bien refrescar la memoria. Antes de salir, fue hacia la estantería y de un cajón-archivador sacó un par de CDs. Gasso tenía mucho tiempo libre así que había pasado a ordenador todos los libros de su estantería que no había podido conseguir también electrónicamente. Desenchufó el portátil y lo metió en la funda. Recogió todo, se colgó la funda del portátil al hombro y su mochila a la espalda y salió a la calle. Cruzó la calle para llegar al garaje y se montó en su "fiel" Ford Siera XR4i blanco.

Una hora y cuarto después se encontraba ya en el portal de Hernán Figueroa, en la Rúa do Franco en Santiago. Cuando el profesor estuvo en el coche salieron hacia Vigo. Otra hora y media de viaje aproximadamente, con lo cual llegaron a la ciudad olívica hacia las 2 y media de la tarde. Más tarde descubrieron que no les habría hecho falta entrar en la ciudad y soportar todo el atasco por el centro de la ciudad. Total, que cuando llegaron al CUVI, el campus universitario, eran casi las 3 y media de la tarde.

Fueron a comer a un "centro comercial" de cemento que se erguía en el centro de las facultades. Aquello se basaba en restaurantes de comida rápida, apropiados para los estudiantes, poco solventes y "sin tiempo". Luego se dirigieron a la facultad de Filología y allí descubrieron que la conferencia había cambiado de sitio por culpa de un problema con la calefacción. Se celebraría en Aulario, que resultó ser un cinturón de cemento elevado sobre el suelo situado en el centro comercial.

Jordi Sants resultó ser un hombre mayor, de unos 60 años, con poco pelo y barba, ambos grisáceos. Saludó efusivamente a Gasso cuando lo conoció y lo emplazó al final de la conferencia, que estaba a punto de comenzar, para poder hablar con más tranquilidad. El coloquio no fué tan aburrido como Gasso sospechaba a priori. De hecho algunas intervenciones que hablaban sobre los judíos y los masones le llamaron realmente la atención.

Cuando hubo acabado el coloquio, Gasso y Sants se reunieron en una cervecería que había allí cerca mientras Figueroa conversaba con los otros participantes en el coloquio. Pidieron unas cañas y comenzaron a encargarse del tema.

- Verán, hace años que vengo reuniendo datos sobre los Templarios post-Molay. Creo haber reunido una información sobre la orden que le puede ser de interés. Lo tengo por aquí... a ver...- el catalán rebuscó en la cartera y sacó una carpeta y un par de cds que Gasso introdujo en el lector de su portátil y examinó.- Como puede ver hay un amplio dossier sobre Beaujeu y otros que pudieron ayudarle. También documentos sobre el Priorato de Sión y otras organizaciones secretas o semi-secretas posiblemente relacionadas con el Temple, como puede ser la masonería o sectas judeo-cabalísticas.

- Así, a priori, es una buena información, pero nada concreta... no sé si me explico...

- Lo sé, lo que me trajo hasta aquí es el hecho de que en ciertos documentos se habla de un manuscrito Bajou, Beullú, Bollé... no sé si me capta...

Gasso hizo un gesto afirmativo sin levantar la mirada de los documentos que estaba revisando. Efectivamente, en aquellos documentos, copias de originales que seguramente Sants guardaba bajo llave, estaban señalados nombres similares a Beaujeu y todos hacían referencia a un documento de especial interés que no poseían.

- Interesante...- dijo al fin levantando la vista.

- Bueno, yo ya he cumplido mi misión. Espero que podamos permanecer en contacto. Hay gente interesada en su trabajo...- dijo el profesor Sants mientras se levantaba.

Gasso se sorprendió de la prisa que demostraba ahora aquel hombre. Hacía solamente 10 minutos que había comenzado la conversación y aquella despedida le había descolocado. Pero sobretodo... ¿quién era esa gente interesada en su trabajo? Sants estrechó la mano del detective e hizo lo mismo con sus compañeros unas mesas más allás. Pagó las cervezas en un gesto de generosidad y desapareció.

En el viaje de vuelta Figueroa le preguntó varias veces qué mosca le había picado para que se hubiera puesto tan pensativo. Pero la respuesta del detective fue el silencio sobre ese tema. Estaba concentrado en tratar de interpretar el extraño encuentro de aquella tarde. ¿Acaso Sants no estaba allí por espíritu colaborador sino con otros propósitos? ¿Tenía el cura constancia de aquello?

- Mañana es el funeral. Lidia y Virginia van a estar...- dijo cambiando de conversación.

-¡Ah! Así que es eso... Supongo que es normal que te sientas así... Pero ya ha pasado mucho tiempo de lo vuestro, debería estar superado.

- Debería... pero no es así.

Involuntariamente, el detective había conseguido distraer la atención de su amigo respecto al encuentro con Sants. Ninguno de los dos dijo nada más en el viaje de vuelta a Santiago, donde se despidieron hasta el día siguiente y bromearon sobre el mucho tiempo que pasaban juntos últimamente. Luego, Gasso volvió a emprender el viaje a casa, el mismo que 24 horas antes había hecho intentando evitar el recuerdo de tiempos mejores.

14:10 | Centoloman | 3 Comentarios | #

Capítulo 4

Marco Gasso aparcó el coche en el garaje, subió andando la rampa y salió a la calle. Tardó unos segundos en decidir si se tomaba una copa en algún bar de la calle de La Estrella. Finalmente optó por ir directamente a casa, no estaba para la sociedad.

La calle de Santa Catalina estaba tranquila, como habitualmente. Entró en el portal y subió andando los cuatro pisos que lo separaban de la puerta de casa. "Así haces ejercicio, Marco, que lo necesitas" -pensaba mientras subía. Abrió la puerta y dejó la bolsa y la gabardina sobre la cama. La casa de Gasso era amplia, con 3 habitaciones, un gran salón, una sala, un estudio, cocina y 3 baños, legado de sus padres que ahora vivían de nuevo en Argentina.

Se dirigió al estudio y encendió el portátil. Mientras se cargaba el sistema buscó en su biblioteca todo lo que pudiera proporcionarle una pista sobre lo que buscaba: libros sobre templarios, masones, teorías apocalípticas (incluida la Biblia abierta por el Apocalípsis)... y los depositó sobre la mesa. Cuando hubo terminado de cargar, accedió al servidor de correo electrónico, desechó mensajes basura y reenviados inútiles y se quedó con tres: uno de Virginia, su hija de 16 años, otro del Padre Quintana (lo cual era extraño porque siempre utilizaba el teléfono) y otro de un tal Jordi Sants, a quien no conocía de nada.

Virginia vivía con en Pontevedra, donde Lidia había conseguido trabajo en el museo. Al parecer iba a ir con su madre al funeral de Belleu con lo cual podría aprovechar para verle y quizás pudiera quedarse con él el fin de semana. Gasso estuvo tentado a contestar inmediatamente pero pensó que sería mejor trabajar primero. Abrió después el de Quintana.

"Estimado amigo

Como ve he decidido modernizar mis medios de contacto con usted. Confío en que vía e-mail pueda proporcionarme informes lo más frecuentemente posible. Comprenda que cualquier progreso puede ser crucial en esta investigación.

Además, me he tomado la libertad de darle su dirección de correo electrónico a un amigo mío y colega suyo Jordi Sants, con quien he tenido la oportunidad de hablar del tema que nos ocupa. Dice tener ciertos archivos que le pueden resultar útiles. Espero que no le moleste.

Saludos

Padre Manuel Quintana"

A Gasso le resultó que aún habiendo renunciado a los votos sacerdotales el antiguo cura siguiera firmando como "Padre Manuel Quintana". Por lo menos ya sabía quien era el tal Jordi Sants que remitía el tercer correo:

"Querido colega

Espero que no le moleste que el Padre Quintana me haya proporcionado esta dirección, pero he tenido la fortuna de que me contara en qué consistía la investigación que está realizando para él.

En mis investigaciones he recopilado ciertos archivos que le pueden ser de utilidad en la suya. Mañana día 7 por la tarde estaré en Vigo, en la facultad de Filología junto con otros profesores participando en un coloquio sobre lenguas "oscuras" en la edad media. Confío en que pueda ponerme en contacto con usted durante el coloquio para proporcionarle los mencionados archivos y conocer al hombre que tanto admira mi amigo Manuel.

Jordi Sants

Dpto. Historia Medieval"

"Extraña coincidencia..." Gasso sabía, por experiencia, que no era bueno hacer caso omiso de las recomendaciones de un cliente. Pero aquello le parecía sospechoso. Llamó al Padre Quintana y éste le confirmó lo que le había dicho en el correo electrónico letra por letra. Después confirmó vía página de la Universidad de Vigo la celebración de la charla en el lugar y hora anunciados por Sants y descubrió que entre los participantes había uno muy familiar: Hernán Figueroa. Acto seguido cogió el teléfono y marcó un número:

- ¿Diga?
- Sara, soy Marco Gasso: ¿Te acuerdas de mi?
- Sí, y no soy ninguna niña, puedes hablarme como a una persona normal.
- Perdona... ¿Está tu padre?
- Está cenando... espera que le aviso...
- Ok, gracias.

Sara era la hija mayor de Hernán Figueroa. Un minuto después la voz del profesor apareció al otro lado de la línea. Gasso le contó lo del profesor Sants y le preguntó qué sabía de él. Figueroa no lo conocía mucho pero sí había escuchado que era un apasionado, como él de las órdenes de caballería. Acordaron que el detective recogería al profesor en su casa antes de comer y que irían juntos al coloquio.

Colgó el teléfono y se fue al salón, donde se sirvió una copa de whisky del mueble-bar. Luego se frió un huevo de cena y se puso a estudiar los libros que tenía sobre la mesa... hasta que el sueño le venció.

05:51 | Centoloman | 0 Comentarios | #

Capítulo 3

En la puerta había un pequeño letrero en el que se podía leer “Prof. Hernán Figueroa”. Tras llamar dos veces dio por supuesto que la persona a la que buscaba no estaba allí y supuso que estaría en clase, así que decidió dar un paseo por la zona antigua de la ciudad. Caminando, llegó hasta la Plaza del Obradoiro y casi se dejó impresionar por la magnífica fachada de la catedral. “La has visto cientos de veces Marco, ¿por qué te ibas a impresionar?” le dijo su espíritu crítico. Así pues siguió caminando por aquellos lugares que le evocaban su época de estudiante idealista dispuesto a cambiar el mundo.

Regresó una hora más tarde al despacho del profesor. Por el camino se había bebido dos tazas de Ribeiro en uno de los viejos bares que veían impasibles el ir y venir de los años, de los peregrinos, de los estudiantes… Llamó a la puerta otras dos veces y una voz ronca le invitó a que pasara. Gasso entró en el despacho y se encontró cara a cara con el profesor, un hombre enjuto, de rostro cetrino debido a una enfermedad, barba escasa y ojos rasgados. Estaba sentado tras una mesa de madera cubierta en su totalidad de papeles amarillentos, folios escritos a mano, una cajetilla de Ducados, un portátil y una lupa y le invitaba a sentarse. Pero el detective prefería estar de pie.

- Marquito Gasso… Benditos los ojos… ¿Qué te trae por aquí? Supongo que será alguno de esos casos que te encarga ese cura loco…
- Premio. Pero esta vez también es algo personal… en cierto modo tiene que ver con Fran...- dijo Gasso mientras se daba la vuelta para admirar la orla de la promoción del 86 de Geografía e Historia, como buscando algún recuerdo.
- ¿Sobre Fran, nuestro Fran? ¿Francisco Javier Belleu? – respondió el profesor con tono curioso y, a la vez alarmado
- El mismo… El “cura loco”, como tú le llamas, cree que existe una vieja profecía apocalíptica que perteneció a los Grandes Maestres Templarios. – afirmó dándose la vuelta y considerando la posibilidad de tomar asiento
- ¿Y eso que tiene que ver con Fran? – el profesor parecía cada vez más sorprendido.
- Bueno… según he sabido su familia es descendiente de los templarios…- contestó sentándose en una de las sillas que estaban en el lado de la mesa contrario al lado donde se sentaba el profesor.
- Sí, lo sé, te ayudé con esa investigación en Enero, ¿recuerdas?
- Cierto… bueno pues resulta que el apellido Belleu se le antojó curioso al Padre Quintana… le resultaba familiar así que investigó la genealogía que le proporcionamos y llegó hasta Gisors, Francia.
- Muchas familias templarias proceden de Francia… no tiene porque ser extraño que sea de… ¿de Gisors? ¿Ahí no es donde supuestamente fueron enterrados los tesoros templarios, donde se supone que François de Beaujeu…? Vamos a ver… Beaujeu… Belleu… ¡Dios mío! ¿No estarás insinuando que…?
- Yo no, mi cliente. Estuve dándole vueltas desde que salí de Madrid. Si lo piensas, Beaujeu se perdió en la noche de los tiempos… Había sido el recadero del mismísimo Jacobo de Molay… Un conde haciendo recados para un condenado a muerte… Extraño… eso implicaba un cierto peligro para él… Imagínate, un conde que podía conocer los secretos que perseguían tanto el mismísimo Rey de Francia desde su trono de París y su marioneta el Papa Clemente V desde Aviñón. Había que desaparecer de alguna forma… ¿no crees?
- ¿Huir a Escocia, quizás? Allí los Templarios sobrevivieron incluso a la Faciens Misericordiam que el Papa dictó en 1308…
- Pero si los tesoros estaban en Gisors alguien debía vigilarlos y quien mejor que el que los escondió. En aquella época no existían las huellas dactilares ni las pruebas de ADN, bastaba con cambiar de nombre y de aspecto… y para una persona con dinero y el poder que se le suponía a François eso no debía ser muy complicado…
- Nadie ha podido demostrar que ese tesoro está ahí…
- Fíjate… Lhomoy descubrió una capilla en los años 40, a 21 metros de profundidad… quizás ya no esté allí pero sí que pudo estar algún día...
- Estás loco, Gasso… completamente loco… sabes que meterte en una cosa así te puede dar muchos problemas ¿verdad?
- Lo sé… quizás trabajar para Quintana me ha llenado la cabeza de extrañas teorías que van en contra de algunas de las cosas que aprendí dentro de estos muros y necesito saber la verdad…
- Quizá sea así… De todas formas… ¿para qué me necesitas?
- Vamos Hernán, no me digas que no lo sabes… Eres mi amigo, un gran historiador y además eres un experto en las órdenes de caballería…
- Y tú sabes que también he sido objeto de burla y cosas peores por parte de algunas personas por investigar ciertas hipótesis que van más allá de una concepción digamos “ortodoxa” de la historia. Y algunas de esas hipótesis me las proporcionaste tú. ¿Por qué te tocan a ti todo este tipo de casos?
- Quizás sea porque mi cara aparece al lado de la tuya en esa orla Hernán. Y quizás sea por eso que te pido que me ayudes en este caso…
- Mira, Marco… tengo una asignatura que impartir…
- Hay más profesores en esta Facultad. Yo lo sé y tú lo sabes… Di que vas a embarcarte en un proyecto de investigación en Francia… no vas a mentir…
-… y no se si me apetece meterme en un lío como este. Tengo 2 hijas, una adolescente, estoy en plena crisis de los 40 y mi hígado me está matando. Si me lo dejas pensar esta semana te daré una respuesta. ¿De acuerdo? Lo que sí que sé es que si vas a hablar con la familia de Fran me gustaría ir contigo… No me fío de tu tacto. Además tendríamos que ir de todas formas, dentro de 3 días hará 10 años…
- Lo sé…

El rostro de Gasso tomó un aire nostálgico recordando el accidente que segó la vida de su compañero. Se levantó maldiciendo mentalmente al borracho que se había llevado por delante a su amigo una semana antes de su boda. Se acercó a la orla buscando el rostro melenudo del fallecido. Hernán Figueroa se levantó y se colocó a su lado. Su voz sonaba ahora llena de añoranza.

- Fueron buenos años… Laura, Lidia, Fran, tú y yo… Sobre todo el 86, el último año…
- El 86 fue una mierda… murió Lynott.
- Tú y Lynott, Lynott y tú… Pero también pasaron otras cosas, nuestras bodas, la licenciatura… y además está Maradona y el Mundial.
- Sí, aún recuerdo a mi padre dando botes con la camiseta de Boca…-una sonrisa burlona y nostálgica se dibujó fugazmente por la cara del detective, pero una fracción de segundo un suspiro triste salía de su boca- pero luego Lidia me abandonó, Maradona se enganchó a las drogas y ya ves lo mucho que me ha servido la licenciatura.
- Vale, hombre, vale… Algún día deberías dejar de compadecerte e intentar rehacer tu vida ¿Sabes qué? Te invito a comer.- dijo el profesor mientras agarraba a Gasso de un hombro y lo alejaba de la pared llevándolo de nuevo a la mesa.
- No hace falta, Hernán… Seguro que Laura tiene ya bastante contigo y tus hijas como para tener que soportarme- ambos se rieron abiertamente.

Dos horas después Marco Gasso estaba recordando tiempos mejores con Laura y Hernán, los dos únicos vínculos no familiares con un pasado que ahora parecía remoto y paradisíaco, y compartiendo una copa en el salón de su casa. La añoranza le había causado una sensación de desasosiego y pesar que a punto estuvo de reflejarse en su rostro. Y así estuvieron hasta que el sol comenzaba a descender por el horizonte. Gasso se despidió recordándole a su amigo que tenía que darle una respuesta y se dispuso a afrontar los setenta kilómetros aproximadamente lo separaban de su casa, su refugio.

09:45 | Centoloman | 1 Comentarios | #

Capítulo 1

"Padre, ocurrió hace mucho tiempo. Me arrepiento de ello. Sabes que yo era joven, rebelde, insolente... Ha pasado mucho tiempo, ya ves que vengo despojado de todo, a suplicar tu perdón"

Marco Gasso se despertó, sudoroso e incómodo, cuando todavía no había amanecido. El despertador había sonado puntualmente a las 7 y media de aquella mañana. Miró por la ventana: llovía en La Coruña.

Mientras se encaminaba, todavía adormilado, hacia el cuarto de baño, no podía quitarse de la cabeza el extraño sueño de aquella noche. Se trataba de un excelso palacio, digno de todo un rey: altas columas de mármol decoradas con metales preciosos, espléndidos tapices de colores brillantes... y vacío... no se distinguía a nadie pero sí se escuchaban sus voces. Fue justo antes de despertar cuando escuchó aquella frase: "Padre, ocurrió hace mucho tiempo. Me arrepiento de ello. Sabes que yo era joven, rebelde, insolente... Ha pasado mucho tiempo, ya ves que vengo despojado de todo, a suplicar tu perdón". La voz era una voz joven, asexuada, cálida, limpia y melodiosa pero sin embargo había algo en ella que denotaba un largo pesar, una dilatada experiencia y, sobre todo, mucho sufrimiento. Lo que más llamó la atención de Gasso fue que aquella voz, la cual nunca había escuchado y eso era algo de lo que estaba muy seguro, le resultaba sin embargo muy familiar.

Las primeras gotas de la ducha hicieron que Gasso abandonara sus cavilaciones y se concentrara en la monotonía de la rutina cotidiana. Salió del cuarto de baño y se vistió mientras escuchaba las noticias en la radio.

Echó mano de su agenda y buscó lo que le tocaba hacer aquel día. "5 de octubre: 9:30 salida vuelo Madrid. 14:00 comida con P. Quintana.". Entonces lo recordó, rebuscó en los cajones de su mesilla de noche y cogió el billete de avión. Bajó a la calle y desayunó café y un bollo en la cafetería que había enfrente del portal del edifició. Tras el veloz desayuno se encaminó hacia el Obelisco y allí cogió un taxi que lo llevó hasta el aeropuerto.

A las 9 menos cuarto ya sostenía la tarjeta de embarque en sus manos. Con la prisa solamente le había dado tiempo a coger su mochila, ya preparada con un pequeño "kit de supervivencia": una muda limpia, la agenda, una libreta y un par de bolígrafos, el pasaporte y algo de dinero.

Llegó a Madrid aproximadamente a las 10 y media de la mañana y cogió el metro para llegar hasta Atocha. Aún quedaban unas 3 horas hasta su reunión con el Padre Quintana así que se sentó en la cafetería de la estación y, mientras se tomaba una caña, repasó los casos en los que había trabajado anteriormente para aquel hombre.

A pesar de su nombre, el Padre Quintana no era sacerdote, aunque en su tiempo lo había sido. Encontró las reseñas sobre el cura en la agenda y buscó las páginas adecuadas en la libreta. Allí estaba, un par de genealogías en Francia que se remontaban a tiempos de Carlomagno, una investigación sobre un sacerdote de comienzos de siglo en un pueblo del sur de Francia... algo inofensivo a simple vista. El último caso que le había encargado era un estudio sobre los Templarios en Galicia, que le había encargado ese mismo año.

Gasso sabía que aquello guardaba relación con las tan de moda teorías mesiánicas, con el Grial, los merovingios, los templarios y María Magdalena. Nunca lo había preguntado, tampoco entraba dentro de sus preocupaciones, pero sospechaba que era todo aquello lo que le había llevado a renunciar a sus votos sacerdotales.

De lo que sí estaba seguro Marco Gasso era de que al menos la gente como Quintana era la que le daba algo de color a su oficio. Entre tantos cónyuges celosos, putas descarriadas... ese tipo de casos eran algo distinto en la vida de un detective privado.

Había conocido al antiguo sacerdote cuando Gasso todavía vivía en Madrid. Esos eran buenos tiempos para el negocio, cuando los celos todavía salían rentables. Luego, el negocio había comenzado a flojear... la poca moralidad de la gente era mala para el oficio. Fue entonces cuando decidió volver a su lugar de nacimiento e intentar comenzar de nuevo. De Madrid consiguió llevarse una pequeña cartera de clientes fijos: empresarios de éxito, coleccionistas, millonarios que preferían pagar más por el desplazamiento a costa de que menos gente conociera sus trapos sucios y gente como el Padre Quintana.

Con el antiguo sacerdote había entablado una buena relación comercial a raíz de varias investigaciones sobre manuscritos antiguos, en su mayoría versiones de textos cátaros y evangelios apócrifos. Lamentablemente para el bolsillo de Gasso, el auge de las nuevas tecnologías había hecho que ese tipo de casos, que aunque no solían reportarle una gran suma su frecuencia los compensaba, fueran más escasos y sólo llegaran a él casos en los cuales las investigaciones se realizaban "in situ" y que solían requerir ayuda de expertos. Aunque gracias al ex-sacerdote, Gasso se estaba convirtiendo en todo un experto en este tipo de temas.

A las 2 menos cuarto salió de la cafetería de Atocha y se dirigió a la casa de Quintana, situada al otro lado de calle. LLamó a la puerta y le abrió Marisa, la compañera del antiguo cura, una mujer de unos 45 años, bajita, de piel y pelo morenos y regordeta. Le condujo hasta el estudio donde Quintana estaba concentrado en un montón de papeles amarillentos y manuscritos que había esparcido por la mesa de su despacho.

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Capítulo 2

El estudio era una sala relativamente amplia, la mayor del apartamento, la que normalmente las familias dedican al salón con asientos forrados de piel o al lujoso comedor donde recibir a las visitas más importantes. Sin embargo, el clérigo había convertido aquella estancia en un completo estudio. La única pared libre de estanterías o ventanas estaba decorada con vírgenes negras procedentes de Francia, España y el Centro de Europa. Marisa aviso al Padre Quintana de la presencia del detective y se marchó, no sin antes hacer un gesto indicando que la comida se enfriaba.

- ¡Ah! Gasso, bienvenido de nuevo a mi humilde morada. Pero… ¿qué hora es?... –Quintana miró el reloj apresuradamente. Era un hombre alto y esbelto de alrededor de medio siglo de edad. Su pelo cano y escaso le daba, sin embargo, aspecto de persona mucho mayor. Solía sonreír a menudo y aquel día no era una excepción- Las dos de la tarde… puntual como siempre, una gran virtud. Disculpe este desorden pero estoy seguro de que lo comprenderá en cuanto escuche lo que le tengo que decir. Pero antes… ¿Qué tal si pasamos al comedor? No me gusta hablar de negocios con el estómago vacío.

Condujo al detective al austero comedor y ambos se sentaron a la mesa. Mientras comían, sopa y cordero, la conversación trató de temas ajenos al motivo de aquella visita: fútbol, política… Tras la comida, el cura trajo un par de tazas de café.

- Creo recordar que era solo, muy cargado y con poco azúcar… toda una bomba de relojería para el estómago
- Ha acertado, veo que pese a que nos vemos menos a menudo sigue conservando muy buena memoria.

Poco a poco la conversación se fue volviendo más superficial hasta que, tras haberse terminado el café, Gasso decidió ir directamente al grano y le preguntó por el motivo por el cual le había llamado. El gesto del Padre Quintana se torció ligeramente, como queriendo dar a entender que lamentaba no seguir hablando de aquel tipo de temas. Se levantó e hizo un gesto a Grasso para que le siguiera hacia su despacho.

- ¿Quiere una copa, Gasso?
- Whisky con hielo, gracias. Pero supongo que no es por la bebida por lo que me ha traído aquí. ¿De qué se trata esta vez: gnósticos, templarios, cátaros, merovingios?
- Directo al grano. Es algo que siempre he apreciado de usted – dijo el cura mientras servía la copa.- Está bien… Necesito que usted me consiga un manuscrito, uno muy valioso y muy extraño. Se asegura que el manuscrito se perdió a comienzos a finales de 1307, cuando los templarios ocultaron sus tesoros de Felipe el Hermoso y del papa Clemente V.

Gasso recordó lo que había aprendido sobre la misteriosa orden de monjes guerreros: Al alba del 13 de Octubre de 1307 los hombres de Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, entraron en todos los emplazamientos templarios del país y capturaron a los que allí se encontraban, Gran Maestre incluido, que misteriosamente no opusieron resistencia. A partir de ahí comenzó el proceso inquisitorial contra la orden, que finalizó cuando el 18 de marzo de 1314 moría Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la orden es quemado en la hoguera frente a Nôtre Dame, maldiciendo al rey de Francia y a su títere el Papa. Maldiciones que, por arte de magia o conspiración, se cumplieron. Entonces, según lo que contaba Quintana, el documento secreto pertenecía a los Templarios y se “perdió” cuando éstos fueron apresados.

- ¿La Regla? ¿Me está usted pidiendo que vaya en pos de la supuesta Regla secreta de los Templarios?
- No, amigo mío, no. Aunque no dudo que sería algo interesante, pero también sería algo suicida. No hablo de secretos, o no al menos. A través algunos escritos, muchos de los cuales usted me ha proporcionado, he sabido de la existencia de ese manuscrito. Una especie de profecía apocalíptica. Al parecer existieron numerosas versiones del documento, pero todas incompletas. Uno, sólo uno, estaba completo. Supongo que sabe a quien pertenecía.
- Al Gran Maestre, a Molay por tanto.
- En efecto.
- ¿Y no sabe nada más? ¿Ninguna pista de dónde se puede encontrar? No tiene nada, Quintana.
- Sí que tengo, le tengo a usted. Sabe que confío en usted y sé que es capaz. Tenga, a lo mejor esto le sirve de ayuda. Es una copia de uno de los manuscritos de los que me he servido. Cuando me sirvió la genealogía de las familias gallegas, había un nombre familiar: Belleu. Al principio no le di mucha importancia, podía ser cualquier cosa pero luego algo llamó mi atención, la primera referencia a aquella familia data de 1316, en Gisors, Francia… donde…
- Supuestamente François de Beaujeu escondió el tesoro del Temple.
- Premio para el caballero. Ya tiene por donde empezar.

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