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Tras el ángel caído |
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Capítulo 1"Padre, ocurrió hace mucho tiempo. Me arrepiento de ello. Sabes que yo era joven, rebelde, insolente... Ha pasado mucho tiempo, ya ves que vengo despojado de todo, a suplicar tu perdón"Marco Gasso se despertó, sudoroso e incómodo, cuando todavía no había amanecido. El despertador había sonado puntualmente a las 7 y media de aquella mañana. Miró por la ventana: llovía en La Coruña. Mientras se encaminaba, todavía adormilado, hacia el cuarto de baño, no podía quitarse de la cabeza el extraño sueño de aquella noche. Se trataba de un excelso palacio, digno de todo un rey: altas columas de mármol decoradas con metales preciosos, espléndidos tapices de colores brillantes... y vacío... no se distinguía a nadie pero sí se escuchaban sus voces. Fue justo antes de despertar cuando escuchó aquella frase: "Padre, ocurrió hace mucho tiempo. Me arrepiento de ello. Sabes que yo era joven, rebelde, insolente... Ha pasado mucho tiempo, ya ves que vengo despojado de todo, a suplicar tu perdón". La voz era una voz joven, asexuada, cálida, limpia y melodiosa pero sin embargo había algo en ella que denotaba un largo pesar, una dilatada experiencia y, sobre todo, mucho sufrimiento. Lo que más llamó la atención de Gasso fue que aquella voz, la cual nunca había escuchado y eso era algo de lo que estaba muy seguro, le resultaba sin embargo muy familiar. Las primeras gotas de la ducha hicieron que Gasso abandonara sus cavilaciones y se concentrara en la monotonía de la rutina cotidiana. Salió del cuarto de baño y se vistió mientras escuchaba las noticias en la radio. Echó mano de su agenda y buscó lo que le tocaba hacer aquel día. "5 de octubre: 9:30 salida vuelo Madrid. 14:00 comida con P. Quintana.". Entonces lo recordó, rebuscó en los cajones de su mesilla de noche y cogió el billete de avión. Bajó a la calle y desayunó café y un bollo en la cafetería que había enfrente del portal del edifició. Tras el veloz desayuno se encaminó hacia el Obelisco y allí cogió un taxi que lo llevó hasta el aeropuerto. A las 9 menos cuarto ya sostenía la tarjeta de embarque en sus manos. Con la prisa solamente le había dado tiempo a coger su mochila, ya preparada con un pequeño "kit de supervivencia": una muda limpia, la agenda, una libreta y un par de bolígrafos, el pasaporte y algo de dinero. Llegó a Madrid aproximadamente a las 10 y media de la mañana y cogió el metro para llegar hasta Atocha. Aún quedaban unas 3 horas hasta su reunión con el Padre Quintana así que se sentó en la cafetería de la estación y, mientras se tomaba una caña, repasó los casos en los que había trabajado anteriormente para aquel hombre. A pesar de su nombre, el Padre Quintana no era sacerdote, aunque en su tiempo lo había sido. Encontró las reseñas sobre el cura en la agenda y buscó las páginas adecuadas en la libreta. Allí estaba, un par de genealogías en Francia que se remontaban a tiempos de Carlomagno, una investigación sobre un sacerdote de comienzos de siglo en un pueblo del sur de Francia... algo inofensivo a simple vista. El último caso que le había encargado era un estudio sobre los Templarios en Galicia, que le había encargado ese mismo año. Gasso sabía que aquello guardaba relación con las tan de moda teorías mesiánicas, con el Grial, los merovingios, los templarios y María Magdalena. Nunca lo había preguntado, tampoco entraba dentro de sus preocupaciones, pero sospechaba que era todo aquello lo que le había llevado a renunciar a sus votos sacerdotales. De lo que sí estaba seguro Marco Gasso era de que al menos la gente como Quintana era la que le daba algo de color a su oficio. Entre tantos cónyuges celosos, putas descarriadas... ese tipo de casos eran algo distinto en la vida de un detective privado. Había conocido al antiguo sacerdote cuando Gasso todavía vivía en Madrid. Esos eran buenos tiempos para el negocio, cuando los celos todavía salían rentables. Luego, el negocio había comenzado a flojear... la poca moralidad de la gente era mala para el oficio. Fue entonces cuando decidió volver a su lugar de nacimiento e intentar comenzar de nuevo. De Madrid consiguió llevarse una pequeña cartera de clientes fijos: empresarios de éxito, coleccionistas, millonarios que preferían pagar más por el desplazamiento a costa de que menos gente conociera sus trapos sucios y gente como el Padre Quintana. Con el antiguo sacerdote había entablado una buena relación comercial a raíz de varias investigaciones sobre manuscritos antiguos, en su mayoría versiones de textos cátaros y evangelios apócrifos. Lamentablemente para el bolsillo de Gasso, el auge de las nuevas tecnologías había hecho que ese tipo de casos, que aunque no solían reportarle una gran suma su frecuencia los compensaba, fueran más escasos y sólo llegaran a él casos en los cuales las investigaciones se realizaban "in situ" y que solían requerir ayuda de expertos. Aunque gracias al ex-sacerdote, Gasso se estaba convirtiendo en todo un experto en este tipo de temas. A las 2 menos cuarto salió de la cafetería de Atocha y se dirigió a la casa de Quintana, situada al otro lado de calle. LLamó a la puerta y le abrió Marisa, la compañera del antiguo cura, una mujer de unos 45 años, bajita, de piel y pelo morenos y regordeta. Le condujo hasta el estudio donde Quintana estaba concentrado en un montón de papeles amarillentos y manuscritos que había esparcido por la mesa de su despacho. 03:14 | Centoloman | 2 Comentarios | # Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://angelcaido.bloxus.com//trackbacks/3280
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