Tras el ángel caído
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Capítulo 2

El estudio era una sala relativamente amplia, la mayor del apartamento, la que normalmente las familias dedican al salón con asientos forrados de piel o al lujoso comedor donde recibir a las visitas más importantes. Sin embargo, el clérigo había convertido aquella estancia en un completo estudio. La única pared libre de estanterías o ventanas estaba decorada con vírgenes negras procedentes de Francia, España y el Centro de Europa. Marisa aviso al Padre Quintana de la presencia del detective y se marchó, no sin antes hacer un gesto indicando que la comida se enfriaba.

- ¡Ah! Gasso, bienvenido de nuevo a mi humilde morada. Pero… ¿qué hora es?... –Quintana miró el reloj apresuradamente. Era un hombre alto y esbelto de alrededor de medio siglo de edad. Su pelo cano y escaso le daba, sin embargo, aspecto de persona mucho mayor. Solía sonreír a menudo y aquel día no era una excepción- Las dos de la tarde… puntual como siempre, una gran virtud. Disculpe este desorden pero estoy seguro de que lo comprenderá en cuanto escuche lo que le tengo que decir. Pero antes… ¿Qué tal si pasamos al comedor? No me gusta hablar de negocios con el estómago vacío.

Condujo al detective al austero comedor y ambos se sentaron a la mesa. Mientras comían, sopa y cordero, la conversación trató de temas ajenos al motivo de aquella visita: fútbol, política… Tras la comida, el cura trajo un par de tazas de café.

- Creo recordar que era solo, muy cargado y con poco azúcar… toda una bomba de relojería para el estómago
- Ha acertado, veo que pese a que nos vemos menos a menudo sigue conservando muy buena memoria.

Poco a poco la conversación se fue volviendo más superficial hasta que, tras haberse terminado el café, Gasso decidió ir directamente al grano y le preguntó por el motivo por el cual le había llamado. El gesto del Padre Quintana se torció ligeramente, como queriendo dar a entender que lamentaba no seguir hablando de aquel tipo de temas. Se levantó e hizo un gesto a Grasso para que le siguiera hacia su despacho.

- ¿Quiere una copa, Gasso?
- Whisky con hielo, gracias. Pero supongo que no es por la bebida por lo que me ha traído aquí. ¿De qué se trata esta vez: gnósticos, templarios, cátaros, merovingios?
- Directo al grano. Es algo que siempre he apreciado de usted – dijo el cura mientras servía la copa.- Está bien… Necesito que usted me consiga un manuscrito, uno muy valioso y muy extraño. Se asegura que el manuscrito se perdió a comienzos a finales de 1307, cuando los templarios ocultaron sus tesoros de Felipe el Hermoso y del papa Clemente V.

Gasso recordó lo que había aprendido sobre la misteriosa orden de monjes guerreros: Al alba del 13 de Octubre de 1307 los hombres de Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, entraron en todos los emplazamientos templarios del país y capturaron a los que allí se encontraban, Gran Maestre incluido, que misteriosamente no opusieron resistencia. A partir de ahí comenzó el proceso inquisitorial contra la orden, que finalizó cuando el 18 de marzo de 1314 moría Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la orden es quemado en la hoguera frente a Nôtre Dame, maldiciendo al rey de Francia y a su títere el Papa. Maldiciones que, por arte de magia o conspiración, se cumplieron. Entonces, según lo que contaba Quintana, el documento secreto pertenecía a los Templarios y se “perdió” cuando éstos fueron apresados.

- ¿La Regla? ¿Me está usted pidiendo que vaya en pos de la supuesta Regla secreta de los Templarios?
- No, amigo mío, no. Aunque no dudo que sería algo interesante, pero también sería algo suicida. No hablo de secretos, o no al menos. A través algunos escritos, muchos de los cuales usted me ha proporcionado, he sabido de la existencia de ese manuscrito. Una especie de profecía apocalíptica. Al parecer existieron numerosas versiones del documento, pero todas incompletas. Uno, sólo uno, estaba completo. Supongo que sabe a quien pertenecía.
- Al Gran Maestre, a Molay por tanto.
- En efecto.
- ¿Y no sabe nada más? ¿Ninguna pista de dónde se puede encontrar? No tiene nada, Quintana.
- Sí que tengo, le tengo a usted. Sabe que confío en usted y sé que es capaz. Tenga, a lo mejor esto le sirve de ayuda. Es una copia de uno de los manuscritos de los que me he servido. Cuando me sirvió la genealogía de las familias gallegas, había un nombre familiar: Belleu. Al principio no le di mucha importancia, podía ser cualquier cosa pero luego algo llamó mi atención, la primera referencia a aquella familia data de 1316, en Gisors, Francia… donde…
- Supuestamente François de Beaujeu escondió el tesoro del Temple.
- Premio para el caballero. Ya tiene por donde empezar.

03:14 | Centoloman | 1 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: jesus daniel Fecha: 2007-01-15 22:21

es una istori mui buena desde q lo lei me afisione a ella y bueno mui buena deben tener buena cabesa para aser cosas asi no??



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