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Tras el ángel caído |
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Capítulo 3En la puerta había un pequeño letrero en el que se podía leer “Prof. Hernán Figueroa”. Tras llamar dos veces dio por supuesto que la persona a la que buscaba no estaba allí y supuso que estaría en clase, así que decidió dar un paseo por la zona antigua de la ciudad. Caminando, llegó hasta la Plaza del Obradoiro y casi se dejó impresionar por la magnífica fachada de la catedral. “La has visto cientos de veces Marco, ¿por qué te ibas a impresionar?” le dijo su espíritu crítico. Así pues siguió caminando por aquellos lugares que le evocaban su época de estudiante idealista dispuesto a cambiar el mundo.Regresó una hora más tarde al despacho del profesor. Por el camino se había bebido dos tazas de Ribeiro en uno de los viejos bares que veían impasibles el ir y venir de los años, de los peregrinos, de los estudiantes… Llamó a la puerta otras dos veces y una voz ronca le invitó a que pasara. Gasso entró en el despacho y se encontró cara a cara con el profesor, un hombre enjuto, de rostro cetrino debido a una enfermedad, barba escasa y ojos rasgados. Estaba sentado tras una mesa de madera cubierta en su totalidad de papeles amarillentos, folios escritos a mano, una cajetilla de Ducados, un portátil y una lupa y le invitaba a sentarse. Pero el detective prefería estar de pie. - Marquito Gasso… Benditos los ojos… ¿Qué te trae por aquí? Supongo que será alguno de esos casos que te encarga ese cura loco… - Premio. Pero esta vez también es algo personal… en cierto modo tiene que ver con Fran...- dijo Gasso mientras se daba la vuelta para admirar la orla de la promoción del 86 de Geografía e Historia, como buscando algún recuerdo. - ¿Sobre Fran, nuestro Fran? ¿Francisco Javier Belleu? – respondió el profesor con tono curioso y, a la vez alarmado - El mismo… El “cura loco”, como tú le llamas, cree que existe una vieja profecía apocalíptica que perteneció a los Grandes Maestres Templarios. – afirmó dándose la vuelta y considerando la posibilidad de tomar asiento - ¿Y eso que tiene que ver con Fran? – el profesor parecía cada vez más sorprendido. - Bueno… según he sabido su familia es descendiente de los templarios…- contestó sentándose en una de las sillas que estaban en el lado de la mesa contrario al lado donde se sentaba el profesor. - Sí, lo sé, te ayudé con esa investigación en Enero, ¿recuerdas? - Cierto… bueno pues resulta que el apellido Belleu se le antojó curioso al Padre Quintana… le resultaba familiar así que investigó la genealogía que le proporcionamos y llegó hasta Gisors, Francia. - Muchas familias templarias proceden de Francia… no tiene porque ser extraño que sea de… ¿de Gisors? ¿Ahí no es donde supuestamente fueron enterrados los tesoros templarios, donde se supone que François de Beaujeu…? Vamos a ver… Beaujeu… Belleu… ¡Dios mío! ¿No estarás insinuando que…? - Yo no, mi cliente. Estuve dándole vueltas desde que salí de Madrid. Si lo piensas, Beaujeu se perdió en la noche de los tiempos… Había sido el recadero del mismísimo Jacobo de Molay… Un conde haciendo recados para un condenado a muerte… Extraño… eso implicaba un cierto peligro para él… Imagínate, un conde que podía conocer los secretos que perseguían tanto el mismísimo Rey de Francia desde su trono de París y su marioneta el Papa Clemente V desde Aviñón. Había que desaparecer de alguna forma… ¿no crees? - ¿Huir a Escocia, quizás? Allí los Templarios sobrevivieron incluso a la Faciens Misericordiam que el Papa dictó en 1308… - Pero si los tesoros estaban en Gisors alguien debía vigilarlos y quien mejor que el que los escondió. En aquella época no existían las huellas dactilares ni las pruebas de ADN, bastaba con cambiar de nombre y de aspecto… y para una persona con dinero y el poder que se le suponía a François eso no debía ser muy complicado… - Nadie ha podido demostrar que ese tesoro está ahí… - Fíjate… Lhomoy descubrió una capilla en los años 40, a 21 metros de profundidad… quizás ya no esté allí pero sí que pudo estar algún día... - Estás loco, Gasso… completamente loco… sabes que meterte en una cosa así te puede dar muchos problemas ¿verdad? - Lo sé… quizás trabajar para Quintana me ha llenado la cabeza de extrañas teorías que van en contra de algunas de las cosas que aprendí dentro de estos muros y necesito saber la verdad… - Quizá sea así… De todas formas… ¿para qué me necesitas? - Vamos Hernán, no me digas que no lo sabes… Eres mi amigo, un gran historiador y además eres un experto en las órdenes de caballería… - Y tú sabes que también he sido objeto de burla y cosas peores por parte de algunas personas por investigar ciertas hipótesis que van más allá de una concepción digamos “ortodoxa” de la historia. Y algunas de esas hipótesis me las proporcionaste tú. ¿Por qué te tocan a ti todo este tipo de casos? - Quizás sea porque mi cara aparece al lado de la tuya en esa orla Hernán. Y quizás sea por eso que te pido que me ayudes en este caso… - Mira, Marco… tengo una asignatura que impartir… - Hay más profesores en esta Facultad. Yo lo sé y tú lo sabes… Di que vas a embarcarte en un proyecto de investigación en Francia… no vas a mentir… -… y no se si me apetece meterme en un lío como este. Tengo 2 hijas, una adolescente, estoy en plena crisis de los 40 y mi hígado me está matando. Si me lo dejas pensar esta semana te daré una respuesta. ¿De acuerdo? Lo que sí que sé es que si vas a hablar con la familia de Fran me gustaría ir contigo… No me fío de tu tacto. Además tendríamos que ir de todas formas, dentro de 3 días hará 10 años… - Lo sé… El rostro de Gasso tomó un aire nostálgico recordando el accidente que segó la vida de su compañero. Se levantó maldiciendo mentalmente al borracho que se había llevado por delante a su amigo una semana antes de su boda. Se acercó a la orla buscando el rostro melenudo del fallecido. Hernán Figueroa se levantó y se colocó a su lado. Su voz sonaba ahora llena de añoranza. - Fueron buenos años… Laura, Lidia, Fran, tú y yo… Sobre todo el 86, el último año… - El 86 fue una mierda… murió Lynott. - Tú y Lynott, Lynott y tú… Pero también pasaron otras cosas, nuestras bodas, la licenciatura… y además está Maradona y el Mundial. - Sí, aún recuerdo a mi padre dando botes con la camiseta de Boca…-una sonrisa burlona y nostálgica se dibujó fugazmente por la cara del detective, pero una fracción de segundo un suspiro triste salía de su boca- pero luego Lidia me abandonó, Maradona se enganchó a las drogas y ya ves lo mucho que me ha servido la licenciatura. - Vale, hombre, vale… Algún día deberías dejar de compadecerte e intentar rehacer tu vida ¿Sabes qué? Te invito a comer.- dijo el profesor mientras agarraba a Gasso de un hombro y lo alejaba de la pared llevándolo de nuevo a la mesa. - No hace falta, Hernán… Seguro que Laura tiene ya bastante contigo y tus hijas como para tener que soportarme- ambos se rieron abiertamente. Dos horas después Marco Gasso estaba recordando tiempos mejores con Laura y Hernán, los dos únicos vínculos no familiares con un pasado que ahora parecía remoto y paradisíaco, y compartiendo una copa en el salón de su casa. La añoranza le había causado una sensación de desasosiego y pesar que a punto estuvo de reflejarse en su rostro. Y así estuvieron hasta que el sol comenzaba a descender por el horizonte. Gasso se despidió recordándole a su amigo que tenía que darle una respuesta y se dispuso a afrontar los setenta kilómetros aproximadamente lo separaban de su casa, su refugio. 09:45 | Centoloman | 1 Comentarios | # Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://angelcaido.bloxus.com//trackbacks/3310
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