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Tras el ángel caído |
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Capítulo 5"- Padre, ocurrió hace mucho tiempo. Me arrepiento de ello. Sabes que yo era joven, rebelde, insolente... Ha pasado mucho tiempo, ya ves que vengo despojado de todo, a suplicar tu perdón.- Tienes mi perdón, hijo. Pero no el de tus hermanos. Tu desafío, tu rebeldía, ha cambiado las cosas y ya nada era como fue en un principio..." Gasso se despertó sobresaltado y se descubrió a sí mismo durmiendo sobre el ordenador. "Otra vez ese maldito sueño" se decía mientras buscaba el reloj. Las 8 de la mañana, hora tardía para él, que nunca se levantaba durante la semana después de las 7 y media y Gasso era un hombre de costumbres. Como tenía tiempo se enfundó un chandal y salió a correr. Durante la carrera no podía dejar de pensar en el sueño. Esta vez, la majestuosidad del palacio no le parecía tanta como la primera vez que había tenido el sueño, quizás por la costumbre, y las figuras, antes invisibles, eran ahora sombras nítidas. Pudo identificar unas 10 figuras situadas en los lados de la nave y otras 6 en el centro. Además, en el lugar del trono había otras dos sombras, una sentada en él y la otra como postrada. Gasso supuso que a ellas correspondían las voces. La voz que procedía del trono, o eso supuso Gasso, sonaba dura y dulce a la vez, como un padre regañando a su hijo. Dió la vuelta a la Torre de Hércules siguiendo el Paseo Marítimo. Por el camino paró a comprar el periódico y enfiló el camino a casa. Antes de subir paró en el café situado frente al portal donde tomó su habitual desayuno mientras leía en el diario las tragedias que ya se habían vuelto monótonas. Todavía no eran las 10, había tiempo. Subió a casa y se duchó. Se sentó a la mesa del despacho y buscó todo lo que pudo encontrar. Nada que no conociera, pero le vino bien refrescar la memoria. Antes de salir, fue hacia la estantería y de un cajón-archivador sacó un par de CDs. Gasso tenía mucho tiempo libre así que había pasado a ordenador todos los libros de su estantería que no había podido conseguir también electrónicamente. Desenchufó el portátil y lo metió en la funda. Recogió todo, se colgó la funda del portátil al hombro y su mochila a la espalda y salió a la calle. Cruzó la calle para llegar al garaje y se montó en su "fiel" Ford Siera XR4i blanco. Una hora y cuarto después se encontraba ya en el portal de Hernán Figueroa, en la Rúa do Franco en Santiago. Cuando el profesor estuvo en el coche salieron hacia Vigo. Otra hora y media de viaje aproximadamente, con lo cual llegaron a la ciudad olívica hacia las 2 y media de la tarde. Más tarde descubrieron que no les habría hecho falta entrar en la ciudad y soportar todo el atasco por el centro de la ciudad. Total, que cuando llegaron al CUVI, el campus universitario, eran casi las 3 y media de la tarde. Fueron a comer a un "centro comercial" de cemento que se erguía en el centro de las facultades. Aquello se basaba en restaurantes de comida rápida, apropiados para los estudiantes, poco solventes y "sin tiempo". Luego se dirigieron a la facultad de Filología y allí descubrieron que la conferencia había cambiado de sitio por culpa de un problema con la calefacción. Se celebraría en Aulario, que resultó ser un cinturón de cemento elevado sobre el suelo situado en el centro comercial. Jordi Sants resultó ser un hombre mayor, de unos 60 años, con poco pelo y barba, ambos grisáceos. Saludó efusivamente a Gasso cuando lo conoció y lo emplazó al final de la conferencia, que estaba a punto de comenzar, para poder hablar con más tranquilidad. El coloquio no fué tan aburrido como Gasso sospechaba a priori. De hecho algunas intervenciones que hablaban sobre los judíos y los masones le llamaron realmente la atención. Cuando hubo acabado el coloquio, Gasso y Sants se reunieron en una cervecería que había allí cerca mientras Figueroa conversaba con los otros participantes en el coloquio. Pidieron unas cañas y comenzaron a encargarse del tema. - Verán, hace años que vengo reuniendo datos sobre los Templarios post-Molay. Creo haber reunido una información sobre la orden que le puede ser de interés. Lo tengo por aquí... a ver...- el catalán rebuscó en la cartera y sacó una carpeta y un par de cds que Gasso introdujo en el lector de su portátil y examinó.- Como puede ver hay un amplio dossier sobre Beaujeu y otros que pudieron ayudarle. También documentos sobre el Priorato de Sión y otras organizaciones secretas o semi-secretas posiblemente relacionadas con el Temple, como puede ser la masonería o sectas judeo-cabalísticas. - Así, a priori, es una buena información, pero nada concreta... no sé si me explico... - Lo sé, lo que me trajo hasta aquí es el hecho de que en ciertos documentos se habla de un manuscrito Bajou, Beullú, Bollé... no sé si me capta... Gasso hizo un gesto afirmativo sin levantar la mirada de los documentos que estaba revisando. Efectivamente, en aquellos documentos, copias de originales que seguramente Sants guardaba bajo llave, estaban señalados nombres similares a Beaujeu y todos hacían referencia a un documento de especial interés que no poseían. - Interesante...- dijo al fin levantando la vista. - Bueno, yo ya he cumplido mi misión. Espero que podamos permanecer en contacto. Hay gente interesada en su trabajo...- dijo el profesor Sants mientras se levantaba. Gasso se sorprendió de la prisa que demostraba ahora aquel hombre. Hacía solamente 10 minutos que había comenzado la conversación y aquella despedida le había descolocado. Pero sobretodo... ¿quién era esa gente interesada en su trabajo? Sants estrechó la mano del detective e hizo lo mismo con sus compañeros unas mesas más allás. Pagó las cervezas en un gesto de generosidad y desapareció. En el viaje de vuelta Figueroa le preguntó varias veces qué mosca le había picado para que se hubiera puesto tan pensativo. Pero la respuesta del detective fue el silencio sobre ese tema. Estaba concentrado en tratar de interpretar el extraño encuentro de aquella tarde. ¿Acaso Sants no estaba allí por espíritu colaborador sino con otros propósitos? ¿Tenía el cura constancia de aquello? - Mañana es el funeral. Lidia y Virginia van a estar...- dijo cambiando de conversación. -¡Ah! Así que es eso... Supongo que es normal que te sientas así... Pero ya ha pasado mucho tiempo de lo vuestro, debería estar superado. - Debería... pero no es así. Involuntariamente, el detective había conseguido distraer la atención de su amigo respecto al encuentro con Sants. Ninguno de los dos dijo nada más en el viaje de vuelta a Santiago, donde se despidieron hasta el día siguiente y bromearon sobre el mucho tiempo que pasaban juntos últimamente. Luego, Gasso volvió a emprender el viaje a casa, el mismo que 24 horas antes había hecho intentando evitar el recuerdo de tiempos mejores. 14:10 | Centoloman | 3 Comentarios | # Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://angelcaido.bloxus.com//trackbacks/3398
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