Tras el ángel caído
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Capítulo 6

La familia Belleu era dueña de una extensa finca, Villa Belleu, en la aldea de Galdo, en Viveiro, Lugo. La casa databa del siglo XVII y había sido reformada en varias ocasiones. Cuando el Sierra de Gasso cruzó el umbral de Villa Belleu, se encontraban ya allí los coches de los Figueroa y de Lidia.

El ruido del motor debió alertar a Román, padre del difunto amigo del detective, pues cuando salía del coche el anfitrión estaba en la puerta dispuesto a recibirle. Gasso estaba alerta, siempre que iba allí era testigo de una nueva excentricidad protagonizada por el hombre que ahora le esperaba en el umbral de la casa.

- ¡Marco! Te esperábamos, ya están todos dentro.
- Román...-dijo casi sin mirarle. Luego se detuvo y miró pensativo la puerta que los separaba del salón, donde con toda seguridad, volvería a ver una parte de su pasado que no estaba seguro de querer volver a ver.

Todos los años, los Belleu invitaban a las familias de los cuatro amigos más íntimos que su hijo había tenido a una fiesta y una misa-funeral. Estos cuatro amigos eran: Hernán Figueroa, Laura Domínguez, Lidia Ortiz y Marco Gasso. Los últimos 4 años había conseguido eludir aquella cita anual con el pasado, justo los cuatro años que habían pasado desde el divorcio. Estaba Gasso sumido en estos pensamientos cuando comprendió, por un gesto de Román, que no había escapatoria posible. Resopló, avanzó decidido pero inseguro hacia la puerta del salón y la abrió.

Allí estaba ella, impresionante, como siempre. Lidia era una mujer rubia, de la edad de Gasso, con ojos felinos y piernas de escándalo. Intentando no pensar en ella, saludó uno por uno a los otros presentes, comenzando por Margarita, la madre de Fran, y acabando por su hija. Al final el momento inevitable llegó y la situación fue mucho mejor de lo que podía haber esperado. Al parecer las viejas rencillas habían quedado detrás y la situación se alivió rápidamente.

- ¿Ves? No muerde. -dijo Hernán sarcástico por detrás.- Oye he pensado en lo que me dijiste, Marco...

Pero Gasso le indicó con un gesto que hablarían luego. Ahora estaba concentrado en saldar cuentas con un pasado menos lejano que las viejas historias de caballerías y apocalípsis.

- Te veo muy bien, Lidia. Parece que los aires de las Rías Baixas te sientan muy bien.

- Querrás decir los aires de Celulosas, llevo allí un año y no me acostumbro todavía.

- Supongo que es eso, cuestión de acostumbrarse. ¿Y que tal te va todo?

- Bien, sin novedades en el frente. Estoy contenta en el Museo y poco más. Todavía estamos acabando de adaptarnos, aunque a Virginia le resulta más fácil... -dijo Lidia lanzando una mirada cómplice a su hija.

- Eso no me lo habías contado. ¿Eh, Virginia?¿Cómo se llama el afortunado? -comentó Gasso mientras la cara de su hija se enrojecía en medio de la carcajada general.

Así transcurrió la conversación hasta la sobremesa, recordando viejos tiempos que ahora parecían menos dolorosos para el detective. Después en un aparte, Hernán le dijo que aceptaba trabajar con Marco en aquel caso por las mismas razones que, unos días atrás, le habían llevado a darle largas. Estaban allí, conversando sobre lo que podían o no podían hacer cuando los sorprendió Román. Su expresión no era la del viejo excéntrico a la que estaban acostumbrados, si no la de un auténtico noble caballero de la Edad Media, o eso le pareció a Gasso.

- Marco, deberíamos hablar de lo que me comentaste por teléfono.

- No te preocupes por Hernán. Colabora conmigo, no hay problema. Dime Román, ¿qué sabes de este manuscrito?.

- Nada, o mejor dicho nada claro. Sé que nuestro antepasado...

- ¿Entonces era su antepasado en realidad?- interrumpió Hernán.

Román, con un gesto de la cabeza, contestó afirmativamente y prosiguió:

- Sé que nuestro antepasado adquirió algunos importantes documentos y otras posesiones del propio Jacques de Molay. Eso le hizo ganar ciertas... como decirlo... le hizo conocer a malas compañías. Pero François de Beaujeu era un hombre inteligente, y supo en quien confiar... o eso pareció durante mucho tiempo. Al final le traicionaron cuando ya era un hombre viejo y cansado de vivir escondiendo aquel secreto. Según la tradición familiar, ese hombre fue Giuseppe Malquiacci, su mayordomo y confidente, un italiano que había conocido durante una expedición por el Mediterráneo. Pero la historia no acaba ahí. Mucha gente, como ya he dicho, andaba detrás de uno de los documentos que Beaujeu había conseguido de Molay: cabalistas, masones... ya me comprendéis. Verás, cuando llamaste estuve haciendo alguna investigación en la historia de la familia... ¿conocéis la Cofradía del Último Día?.- preguntó mirando fijamente a sus interlocutores.- Veo que no. Estáis como yo... creo que no os puedo ayudar más. Os he dicho todo lo que sé... lo poco que sé. De todas formas, seguiré investigando y os avisaré de cualquier novedad.

- Gracias, Román. Aunque no lo creas has sido de gran ayuda.

- Me alegro de que seáis vosotros y no otros los que investiguéis esto...

Dicho esto, como si nada, su expresión cambió para retomar la habitual cara de viejo chiflado. Se levantó e indicándoles que le siguieran salieron al jardín donde le sorprendió con un karaoke en el que ya estaban divirtiéndose las mujeres. "Una nueva excentricidad digna de Román Belleu", pensaba Gasso mientras se preguntaba si la Cofradía del Último Día seguía "en activo"... y si tenía algo que ver con la gente de la que había hablado Jordi Sants.

04:52 | Centoloman | 1 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: danips Fecha: 2004-09-23 10:14

"encotraban" -> encontraban
"mals compañías" -> malas compañías

Te animo a que sigas escribiendo si y solo si (viva álgebra XD) no resulta una obligación para ti (X capítulos al mes...). Pq para empezar a escribir solo pq tienes que escribir... pierde el encanto y no vienen las ideas.



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