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Tras el ángel caído |
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Capítulo 712 de octubre de 1307El capitán de la guardia de París echó un vistazo a la carta procedente de palacio. Hacía casi un mes del 15 de septiembre, fecha en la que la había recibido junto con la orden de no abrirla hasta el 12 de Octubre de 1307. Era el momento. La carta, firmada por el mismo Felipe IV decía: "Una cosa amarga, una cosa deplorable, una cosa horrible de pensar, terrible de oír, una cosa detestable, un delito de perversidad, una infamia tremenda, una cosa del todo inhumana, peor: extraña a toda humanidad ha repercutido en nuestros oídos según el reporte de varias personas dignas de fe, no sin causarnos un estupor profundo y hacernos estremecer con violento horror... Un espíritu razonable sufre, seguramente, al ver sobrepujar los límites de la naturaleza; está sobrepasado por ello, sobre todo que esta ralea, olvidadiza de todo principio y desconociendo su dignidad, pródiga de por sí, entregada a sentimientos reprobados, no ha comprendido por qué era honrada. Es comparable a las bestias privadas de razón, pero ¿qué digo?, sobrepasa en brutalidad a las bestias mismas, comete los crímenes más abominables que execra y huye la sensualidad de esas bestias sin razón. Ella ha abandonado a su creador, se ha separado de Dios, su salvación, ha abandonado a Dios que le dio vida, olvidando al Señor, sacrificando a los demonios y no a Dios, esta ralea sin consejo ni prudencia y quiera Dios que lo sienta, comprenda y haya previsto lo que acaba de llegar (...)" El capitán levantó la vista del papel. No comprendía qué pasaba pero las sensaciones que le comunicaba aquel comienzo no era bueno. Dejó la primera página sobre la mesa y, sin mirar a la segunda, se dirigió a la ventana. Desde aquel ventanuco en el primer piso de la casa de la guardia observó la ciudad. ¿Qué podía ser tan importante? Entonces levantó la vista y miró más allá del río. Al observar las magníficas construcciones del barrio del Temple comprendió. Los últimos meses habían sido muy tensos. El ambiente se había caldeado contra los caballeros que vivían al otro lado del río. Los hombres del Rey contra los caballeros del Papa, o eso era lo que parecía a los ojos de la gente de pueblo como el capitán. Continuó leyendo la carta. Efectivamente, la carta proporcionaba una serie de instrucciones claras, precisas y sencillas para arrestar a los templarios. El Rey "suplicaba" a sus agentes reunir secretamente una tropa lo bastante poderosa como para que los templarios, independientemente de la importancia de la encomienda, se vieran incapaces de resistir el ataque. Dicha tropa debía presentarse al alba en la encomienda con el pretexto de verificar "el diezmo", entrar por la fuerza y, aprovechando la sorpresa de los monjes-soldado, arrestarlos. En ese momento, se levantaría inventario de todos los bienes de la encomienda y se tomarían las medidas necesarias. "Arrestar a todos los templarios... aquí... en París... alguien se ha vuelto loco". Pero lo que sobrecogió al capitán no fue la locura de la gente del Rey si no lo que leía a continuación. Los hermanos capturados se someterían inmediatamente a un primer interrogatorio en el que estaría justificado el uso de la géhene (tortura) en caso necesario, levantándose acta de las confesiones, testimonios y declaraciones. La carta proseguía con una serie de preguntas y las respuestas que se debían obtener daban forma a la acusación: "¿Cómo fueron recibidos en el templo los hermanos?" "¿Después de la ceremonia se les llevó detrás del altar, o a otra parte, y obligado a renegar de Cristo por tres veces y escupir sobre la cruz?" "¿Después se les desvistio y besó en el cabo de la espina, bajo lacintura, sobre el ombligo y en la boca?" "¿Fueron enseguida incitados a practicar la sodomía?" "¿Y ceñidos con una cuerdecilla puesta en contacto con cierta figura diabólica adorada por los ancianos y dignatarios?" "¿Sus capellanes omiten intencionalmente el "consagrar por el cuerpo de Nuestro-Señor"?" ¿Qué clase de acusación era esa? Desde hacía tiempo los Templarios habían sido difamados de distintos modos pero acusar de herejía a los que en otro momento fueron defensores de la fe en Tierra Santa era demasiado a los ojos del capitán. Aún aturdido por lo que acababa de leer llamó a Thierry, su lugarteniente, y le dio a leer la carta, obteniendo idéntica reacción. Mientras comentaban sus impresiones de la carta un heraldo hizo entrada en el edificio y entregó un folio al capitán. "A la atención del capitán de la guardia de París. Su excelencia, Guillermo de Nogaret supervisará personalmente la entrada en la encomienda de los Caballeros Templarios en París, dada la importancia de los hombres que allí se hospedan" Un escalofrío recorrió la espina dorsal del capitán. Nogaret era uno de los hombres más cercanos al rey pero también un asesino cruel y despiadado. Se rumoreaba que era el responsable de la muerte del Papa Bonifacio VIII y a su sucesor, Benedicto XI, quien lo había excomulgado, años atrás. Se rumoreaba que practicaba artes oscuras pero aún así seguía siendo el hombre de confianza de su graciosa majestad. Madrugada del 13 de Octubre de 1307 - Todo ha sido dispuesto. En breve, el manuscrito volverá a nosotros querido Maestro. El hermano Nogaret dirige en estos instantes a los hombres hacia la encomienda en París... En toda Francia ocurre lo mismo... Es nuestra hora. 12:46 | Centoloman | 10 Comentarios | # Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://angelcaido.bloxus.com//trackbacks/3766
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